Hoy es un buen día para perdonar en presencia de Dios

En estos dos meses, aunque sin publicar, ha sido un tiempo de mucho aprendizaje personal. De aplicar muchas de las cosas ya escritas, y también de prepararme para seguir dando a Dios lo mejor, mediante cada uno de estos pequeños estudios. Y sinceramente, no ha sido un tiempo fácil.

Como en las últimas publicaciones hemos estado hablando acerca del sufrimiento, Dios puso en mi corazón, hace unas semanas, el tema del perdón. ¿y cómo se relaciona el sufrimiento con el perdón? Bueno, algo que he notado es que la FALTA de perdón acarrea gran sufrimiento a nuestra vida.
He podido ver como la falta de perdón puede provocar luchas en nuestro interior, entre lo que sentimos y lo que sabemos que debemos hacer. También, como la falta de perdón te estanca impidiéndote disfrutar del presente o de las cosas positivas que Dios te da. Y no hablo solo de perdonar a otros, muchas veces nosotros mismos nos rehusamos a seguir adelante porque no nos hemos perdonado. Y seguimos cargando la misma pesada mochila por siempre.

Y quiero ser clara en esto, yo sé que perdonar no es algo fácil, que la otra persona no siempre se lo merece, que olvidar cuesta mucho. Pero aunque es algo con lo que yo misma lucho, sé que perdonar es lo que Dios desea. Y por qué, porque sabe que cuando no perdonamos nos dañamos a nosotros mismos, nos alejamos de él, y nos llenamos de rencor y amargura.

La primera vez que me enfrente con la falta de perdón en mi vida, fue difícil de aceptar. Primero, pensaba que no había nada que perdonar. Cuando en realidad, la otra persona queriendo o no, me había lastimado. Así que el primer paso fue reconocer que estaba dolida.

Luego, cometí otro error. Perdonar muy fácilmente. Quiero explicar este punto. Asumí la ofensa y decidí pasarla por alto. No darle importancia. Pero en realidad había dolido mucho. ¿Cómo me di cuenta que no había perdonado? Nunca tenía nada bueno que decir de esa persona. No quería verla y menos tener que interactuar con ella. Hasta llegó el punto en que me di cuenta cuán ofensiva era al hablar con esta persona. Solo peleaba con ella. ¿por qué? Porque aunque pensé que la había perdonado no era así.

Cuando la persona que amas, que se supone debe cuidarte y protegerte, es la que te hiere, es cuándo más duele. Pero quiero decirte que somos capaces de perdonar, solo debemos decidirlo.

  • Dios nos dice que debemos hacerlo,
    Colosenses 3.13 dice: “de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.”
    Perdonar implica dejar ir aquello que nos lastimo. Olvidarlo, esto es dejar de traerlo a la memoria. Y cuando lo hacemos, encontramos paz. Somos liberados de la carga que llevábamos.
  • Debemos perdonar como Cristo lo hizo. Sin reservas, sin condiciones. Él perdonó todos mis pecados, todas mis ofensas. (Salmo 103.3). Perdonar, aunque la otra persona no pida perdón. Cristo murió en la cruz mucho antes que yo le confesara mis pecados. Pero él estuvo dispuesto a perdonar.

En mi caso, como dije antes, tuve que reconocer que me habían lastimado. Tuve que reconocer que necesitaba perdonar, y entonces tomé esa decisión, pero también entendí que necesitaba de Dios para hacerlo. Oré y le dije a Dios cuán herido estaba mi corazón, y que estaba dispuesta a perdonar. Y le pedí que me ayudara en ese proceso. Cada vez que venía a mi mente el momento de maltrato, lo quitaba, repitiéndome que ya lo había perdonado. Y llego el momento, en que esos pensamientos ya no volvieron.

Podemos encontrar perdón en Dios. Y también en él la fortaleza para perdonar (Filipenses 4.13).

Dios no quiere vernos llenos de culpa, amargados, sufriendo, por la falta de perdón en nuestra vida. Nos enseña que debemos perdonar y que en él podemos hacerlo.

Hebreos 12.15 dice, “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”

Hoy es un buen día para perdonar en presencia de Dios. No dejes que la amargura siga destruyendo tu vida y la de quienes te rodean, y que por aferrarte a ella dejes de alcanzar la gracia de Dios.

Espero que este estudio sea de bendición para tu vida.

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Que el Señor te bendiga ricamente…

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