Hoy es un buen día para venir a la presencia de Dios

Desde hace ya más de tres años vengo a la presencia de Dios pidiéndole me libre del dolor tan abrumador que siento en mi pierna. Pero así como le sucedió al apóstol Pablo, Dios me decía una y otra vez, “pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. (2 Corintios 12:9-10 TLA) 

Pero el lunes pasado, después de tantos años de dolor y sufrimiento. De tantas oraciones, de tanto aprendizaje, de tantas ocasiones en que debí ser levantada, animada, fortalecida, en el Señor, él escuchó mi oración. Y en su infinita misericordia me libró de mi dolor.

Desde marzo de este año he tenido muchos retrocesos con mi pierna. Poco a poco los dolores habían ido aumentando, me encontraba tomando las dosis máximas en medicinas recetadas. Debiéndome inyectar tradol, usar parches de morfina, y otros medicamentos para apaciguar el dolor. Los malestares de mi estomago también habían empeorado debido a los muchos medicamentos. Pero Dios seguía tratando conmigo íntimamente. Él era mi amparo y fortaleza, mi pronto auxilio en las tribulaciones (salmo 46:1). Cuando me sentía débil e insegura podía correr bajo la sombra del Altísimo a la sombra del omnipotente. Él era en quién podía confiar (salmo 91:1). Muchas veces había caído y él me levantó, mis piernas flaqueaban y él me llevaba en sus brazos. Cuando perdía la esperanza podía oírle decir: No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia… y, …yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. (Isaías 41:10y13). 

Pero este lunes 21 de septiembre, después de sentir un dolor tan fuerte como hacia mucho no sentía. Habiendo perdido por completo la movilidad de mi pierna derecha y sintiéndola entumecida, rígida, muy pesada. Me encontraba orando a Dios y trayendo a la memoria los versículos que el sábado anterior Dios había traído a mi mente: “ Pido también que entiendan bien el gran poder con que Dios nos ayuda en todo. El poder de Dios no tiene límites; con ese mismo poder 20  Dios resucitó a Cristo y le dio un lugar en el cielo, a la derecha de su trono; 21 con ese mismo poder, Dios le dio a Cristo dominio sobre todos los espíritus que tienen poder y autoridad, y sobre todo lo que existe en este mundo y en el nuevo mundo que vendrá”. Efesios 1:19-20.

Realmente el pasado fin de semana había sido fortalecida en el Señor al asistir al retiro de mujeres de Calvary Chapel  Mérida. Aunque requirió de esfuerzo, asistir al encuentro fue refrescante en lo espiritual. Ver cuántas hermanas se acercaban a animarme, cuántas a compartirme sus problemas, escuchar la Palabra, fue de gran bendición. Y ver a tantas hermanas mostrándome su amor y apoyo. Fue hermoso y era algo que necesitaba. Muchas mujeres oraron por mí aquellos días.

Pero ahora, en la soledad de mi recamara le decía a Dios en oración: “Señor sáname, sé que tienes el poder para hacerlo, sé que me amas, y que para todo tienes un tiempo, una manera y un propósito, pero si quieres Señor, sáname. Sé que el poder que mostraste al resucitar a Cristo de los muertos lo puedes usar para sanar mi nervio. Así como hiciste caminar a inválidos, escuchar a sordos y ver a ciegos, oh Señor sáname.”

Quiero que sepas que esta oración la hice muchas veces antes, que muchas personas oraron por mí para ser sanada. Que muchas personas alrededor del mundo oraban por mí. Pero definitivamente Dios tiene sus tiempos, sus maneras y sus propósito. No podemos saber cuándo o cómo Dios lo hará, solo debemos saber que la voluntad de Dios siempre es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2) y que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28).

Pero siendo cerca de las 3pm, me encontraba orando en mi cama, y sinceramente, oré, clamé a Dios una vez más que me sanara. Y algo sucedió al terminar mi oración. Me di cuenta que podía sentir el estimulador a toda marcha pero el dolor ya no estaba. Mire los dedos de mi pie, que no podía mover y ahora se movían. Mire por segunda vez e hice el intento de mover mi pie (hacia tan solo 15 minutos me habían acompañado a ir al baño porque el dolor era tan fuerte que no podía sostenerme sola), pero lo pude mover. Tengo que reconocer que había tomado demasiados medicamentos como para dudar que lo que veía era cierto. Entonces intenté sentarme en la cama. Esperando ver caer mi pierna como bulto. Pero pude bajarla lentamente. Me puse de pie con mucho cuidado y me pude sostener, sin siquiera usar bastón. Camine hacia los pies de la cama y me sentí bien.  Así que tomé el neuroestimulador y empecé a bajar la potencia, hasta que lo apagué por completo.

Durante dos años, que es el tiempo que hace que me operaron, es la primera vez que lo apago. Luis, Nicole, mis suegros, nadie podía creer lo que sucedía. Estaba de pie, sin estimulador y sin dolor. No había otra explicación, Dios me quitó el dolor.

Han pasado dos días y sigo sin estimulador, ya sin inyectarme y bajando de a poco la medicación. Y doy gracias a Dios porque aún el dolor no volvió.

Aunque es muy reciente, uno de los doctores piensa que en el procedimiento quirúrgico que desembocó en el daño de nervio ciático. Puede haber quedado algún deshecho del músculo que quemaron alojado en el nervio y que ahora se halla movido. Pero que no hay nada seguro aún.

Por supuesto mis músculos y tendones están atrofiados o adelgazados después de 3 años sin movimiento, ya que el movimiento que tenía en gran parte era impulsada por la estimulación del neuroestimulador.

No sé si el dolor regrese o no, si solo fuera por un día igual daría gloria a Dios por darme el regalo de este alivio. Solo sé que hace tres años sufro dolores terribles en los cuales Dios me a consolado y sostenido. Pero desde el lunes 21 de septiembre, ya no hay dolor en mi pierna.

No sé que situación te encuentres atravesando hoy, pero te animo a que busques a Dios, le hagas parte de tu problema, le abras tu corazón. Sé que Dios te ama,  que conoce mejor que tú por lo que estás pasando, y quiere ayudarte.

Como dije antes Dios tiene sus tiempos, sus maneras y sus propósitos. Lo que nosotros debemos hacer es aferrarnos a su persona y sus promesas que nunca cambian.

A él sea la gloria por su infinita misericordia…

“Entonces clamaron a Jehová en su angustia, Y los libró de sus aflicciones.” Salmo 107:6

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