Hoy es un buen día para someter nuestras aflicciones en la presencia de Dios.

En la publicación pasada pudimos apreciar cómo Dios puede utilizar nuestro sufrimiento para beneficio nuestro. Pero aunque podemos saber esta verdad no siempre aceptamos las pruebas o los tiempos difíciles de la mejor manera.

Después del accidente, a mis 16 años, pensé que había aprendido y entendido todo en cuanto a la prueba. Después de casi dos años ya estaba recuperada en gran parte de mi salud. Y Dios concedió el deseo de mi corazón de ir a estudiar al Instituto Bíblico. Realmente gocé cada momento en aquel lugar, y aunque implicaba un sacrificio, pues sentía bastante dolor aún, podía disfrutar de cada clase, ministerio y tiempo en aquel lugar. Pero a mitad de año comencé a sentir una molestia en la planta del pie. La cual empeoró con el correr de las semanas. Cuando fui a ver al doctor me dijeron que tenía un quiste que estaba creciendo mucho y debía ser operado.

“Habiendo aprendido todo en cuanto a las pruebas”, me lo tome con calma. Programaron la operación para las vacaciones de invierno, para que no perdiera clases. Pero sucedió que luego de la operación, mi pie no cicatrizaba como era debido. Asique en vez de dos semanas de recuperación, ahora era algo incierto cuándo regresaría a estudiar.

Mi reacción fue enojarme con Dios, reclamarle. Para qué me hizo entrar al instituto si luego no podría continuar. ¿no había sufrido ya con mi columna demasiado como para sufrir ahora del pie?

Sentí amargura, enojo, frustración, me quejé contra Dios… Pero Dios en su amor y misericordia. Me corrigió y me enseño que más que enojarme por no seguir estudiando, tenia que agradecer por el tiempo allí. Me enseño que él me permitió ir pero nunca me dijo por cuánto tiempo. Yo di por sentado que sería todo el año. Y otra vez me sometí a él. Y le busque en medio de mi aflicción.

Por eso sé que muchas veces nuestra reacción frente al sufrimiento puede ser la queja, la frustración, la amargura, el enojo…

El apóstol Pablo nos exhorta en Hebreos 12:15 diciendo:
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

NO SOLO YO SUFRO CON ESTA POSTURA SINO TODOS LOS QUE ME RODEAN.

No sé si te a pasado, pero a mí sí. Nadie quiere estar con una persona que se la pasa lamentando y quejando. Se vuelven una carga. Contagian esa amargura…
Ese no es el testimonio que Dios desea que den sus hijos.

Todos experimentamos o vamos a experimentar sufrimientos en nuestras vidas. ¿por qué lo sé? Porque el mismo Jesús lo declara: “En el mundo tendréis aflicción…”
Si solo leyéramos esta porción no tendríamos esperanzas, pero veamos que dice el versículo completo:
“ Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

Si nos quedamos mirando solo hacia el dolor o sufrimiento que vivimos, vamos a estar amargados, enojados, pero debemos volver nuestra mirada a Cristo y así encontraremos la manera correcta de reaccionar frente al sufrimiento.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”             Colosenses 3:1-2

Habiendo aprendido mejor la lección cuando llegó a mi vida otra vez la prueba, ahora frente a la discapacidad y el dolor pude enfrentarlo de la manera que Dios me había enseñado.

Cómo sometemos nuestro sufrimiento en la presencia de Dios:

– Recordando que Dios es misericordioso. “El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas”. Salmo 147.3

Nunca olvides cuánto te ama Dios, que él entiende tu situación y se compadece de ti.

– Buscando a Dios, clamando a él.  “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo” Salmo 55:22

Recuerda que podemos hablar con Dios con sinceridad, él nos conoce, y podemos clamar para que nos auxilie con la confianza que él responderá.

– Echando nuestra ansiedad sobre él. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4.6

– Confiando en que Dios tiene un plan. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” Ro. 8.28-29

– Enfocando la mente en Dios. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Filipenses 4:6–8

Descansando en él. “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.” Salmos 46:10

– Recordando que él es quien nos fortalece. “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”. Isaías 40:29. Filipenses 4:13

– Afirmándonos en la Palabra de Dios. “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra”. Salmo 119:28. Ver también Salmo 119:92

– Poniendo la mirada en lo eterno. “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. 2 Corintios 4:16–18

– Con gozo, “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!” Filipenses 4:4

Recuerda que el gozo es fruto del espíritu Santo y no depende de nuestras circunstancias. Cuando aprendemos a poner la  mirada en Dios, a confiar en él y decidimos depender de él, podemos ser capaces de tener gozo en medio de la prueba.

Ya terminando…

Sé que no es fácil tomar esta actitud, esperar en Dios, gozarnos en él, etc. Por eso si tú no eres quien está sufriendo, te pido que no juzgues a tu hermano si no toma esta actitud. Anímale y ora por él. Lean juntos estos versículos o escríbeselos en una nota.
Ahora, si estás pasando por la prueba, y eres un hijo de Dios. Déjame decirte que no es correcto el estar auto compadeciéndote, lamentándote, quejándote. Debes cambiar tu actitud. A través de este estudio has podido aprender cómo enfocarte en Dios. Ahora es tu decisión.

El saber estas verdades ha sido fundamental para mi vida y para enfrentar el dolor. Espero que también pueda ser de bendición para tu vida.

Recueda que hoy es un buen día para someter nuestras aflicciones en presencia de Dios.

Que el Señor te bendiga.
Si te ha gustado esta publicación no dejes de compartirla y si deseas puedes dejar un comentario. Gracias.

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