Hoy es un buen día para dejar nuestros límites en presencia de Dios –Parte I

Como vimos en la publicación pasada, Dios llamó a Moisés desde la zarza. Lo hizo a su tiempo, lo hizo de manera asombrosa y, lo llamó de forma clara. También vimos que el acercarnos a Dios para escucharle depende de nosotros, y que debemos acercarnos con humildad y en santidad.

Estudiamos que en primer lugar Dios nos llama a ser salvos. En segundo lugar nos llama a predicar el evangelio a otros. Y en tercer lugar nos llama a seguirle.

Y hoy veremos que cuando nos acerquemos a él debemos dejar nuestras limitaciones ante su presencia y humillarnos ante él.

Quiero decirte algo, cuando hayas escuchado el llamado de Dios con claridad, entiende que no solo debes tener el deseo de obedecer sino también el de renunciar a tus limitaciones.

Esto es:
a) Dejar de mirar nuestra apariencia, lo que yo y otros pueden ver en mí. 1 Samuel 16:7 dice, “porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”, Dios no te eligió por cómo te ves.

b) Dejar de confiar en nuestras aptitudes, lo que yo u otros piensan que soy o no soy capaz de hacer. En el Salmo 147:10-11, se nos dice de Dios, que él… “No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia”. Dios no te eligió por lo que eres capaz de hacer.

c) Dejar de lado nuestra inteligencia. En 1 Corintios 1:27 y 28 Pablo les recuerda a los hermanos que estaban en Corinto que, “…Dios los eligió, para que los que se creen sabios entiendan que no saben nada. Dios eligió a los que, desde el punto de vista humano, son débiles, despreciables y de poca importancia, para que los que se creen muy importantes se den cuenta de que en realidad no lo son…”. Dios no te eligió por lo que sabes.

d) Debemos dejar nuestro orgullo, “…Por eso, ante Dios, nadie tiene de qué sentirse orgulloso. Dios los ha unido a ustedes con Cristo, y gracias a esa unión ahora ustedes son sabios. Dios los ha aceptado como parte de su pueblo, y han recibido la vida eterna.” (1 Corintios 1:28-30) …“En realidad, Dios nos trata con mucho más amor, como dice la Biblia: «Dios se opone a los orgullosos, pero brinda su ayuda a los humildes.» (Santiago 4:6) Dios no te eligió por quién eres.

Claro que es más fácil decirlo que hacerlo. Debemos entender que para responder al llamado de Dios debemos dejar de pensar en nuestros propios límites y comprender que Dios no nos llama a servirle por lo que nosotros somos capaces de hacer sino por lo que Él es capaz de hacer a través nuestro.

Pero volvamos al ejemplo de Moisés, Éxodo 3:5-10:
“Dios le dijo:
—¡No te acerques más! ¡Quítate las sandalias, porque estás en mi presencia! Yo soy el Dios de tus antepasados; yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.
Al oír esto, Moisés no se atrevió a mirar a Dios y se tapó la cara. Pero Dios siguió diciéndole:
—Yo sé muy bien que mi pueblo Israel sufre mucho porque los egipcios lo han esclavizado. También he escuchado sus gritos pidiéndome ayuda, y he visto que sus capataces los maltratan mucho. Por eso he venido a librarlos del poder egipcio. Los voy a llevar a una región muy grande y rica; ¡tan rica que siempre hay abundancia de alimentos! Es Canaán, país donde viven pueblos que no me conocen”.

Moisés es atraído por Dios hacia aquella zarza que no se consumía. Y al escuchar la voz de Dios, su reacción fue cubrirse su rostro con sus manos.
Quiero compartirte algo que Dios me ha enseñado. Él nunca usará a una persona que no se humilla ante su presencia. Y muchas veces, pasamos por tiempos tan dolorosos, solo para llegar ante su presencia en humildad. Si es necesario hecha pedazos. Pero lo grandioso es que Dios nos levantará, nos limpiará, y nos dejará como nuevos. Así como cuando te encontró envuelta en el lodo del pecado y te recogió, y te limpió. Así de maravilloso es Dios.

Me imagino a Moisés repitiéndose una y otra vez mientras caminaba por el desierto: “que tonto fui…, le falle a Dios, …no merezco otra oportunidad, y si me la da seguro la echaré a perder otra vez”.
Desde nuestro punto de vista actual, podemos sentirnos tentados a juzgar a Moisés por cobarde, por incrédulo, egocéntrico, etc. Pero debemos recordar que cuando Moisés escuchó el llamado de Dios solo conocía la esclavitud y aflicción de su pueblo. Y su fracaso al querer posicionarse como libertador de los israelitas. Las señales, la división del mar, la provisión de agua y maná, vinieron después de que él respondió al llamado de Dios. Y fue obediente a pesar de sus limitaciones.
¿Alguna vez te encontraste poniéndole límites a Dios? ¿Diciéndole de lo que eras o no capaz de hacer, o dando por sentado lo que Él podría hacer? Esto es lo que hizo Moisés y es lo que yo hice muchas veces, y seguramente, lo que tú has hecho también.
Es más, podría contarte que pasaron muchos meses para que yo respondiera al llamado de Dios a servirle a través de estas publicaciones. Me sentía incapaz, simplemente me preguntaba ¿a quién le va a interesar lo que escriba? “Señor, mi vida no se compara a la Jonny Ericson Tada, tampoco sé tanto como Elizabeth George”. Le decía a Dios: “Nadie me conoce Señor, puedes usar a otro”. Y durante todo ese tiempo olvidé y dejé de lado al Dios que hace el llamado.

Cuando Moisés escuchó el llamado de Dios, se asustó y pensó en sus propias limitaciones. Sin darse cuenta que el Dios que se presentó ante él de manera milagrosa, así como usó a un simple arbusto para mostrar su poder, así quería usarle para hacer milagros ante Faraón, y para que su pueblo volviera a creer en el Dios que existe por sí mismo y por quien todas las cosas subsisten, como lo declara su nombre YHWH.
Todavía queda mucho por decir, pero me gustaría que tomes un tiempo para meditar y pensar, examinarte y ver, de qué manera te encuentras hoy.
Podemos ser como Moisés al momento que sintió el impulso de liberar al pueblo de Dios esclavizado; con sus propias fuerzas, con sus propias manos; actuando imprudente e impulsivamente; confiado seguramente en las características de líder en las que había sido instruido por los egipcios. Tal vez tú también estás confiando en tus características que en el mundo actual te hacen sobresalir. Recuerda el final de Moisés. Huyendo humillado.
Pero tal vez al leer esta publicación te das cuenta que Dios quiere usarte pero que es hora de humillarte ante él. Cubrir tu rostro ante su presencia y reconocer que no eres capaz de serle útil. Déjame decirte, que si esto es lo que comprendiste estás a un paso de ser renovado. Dios desea que nos humillemos bajo su poderosa mano, y entonces. Solo entonces, él nos exaltará cuando fuere el tiempo. 1 Pedro 5:6
Recuerda que, “Hoy es un buen día para dejar nuestras limitaciones en presencia de Dios”. Porque cuando reconocemos y dejamos nuestros límites a los pies de Dios, entonces nos transformamos en instrumentos en las manos del Dios que no tiene limites.

Que el Señor te bendiga ricamente,

 

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