Hoy es un buen día para escuchar el llamado de Dios hacia su presencia.

En este artículo quisiera hablarles de un hombre muy especial, su nombre es Moisés. Creo que no hay persona que no haya escuchado por lo menos una vez en su vida acerca de este hombre.

Lo más asombroso es que este niño no tenía nada de especial cuando nació, era el hijo varón de un matrimonio israelita. Y en los tiempos del nacimiento de Moisés esto significaba que tenía que morir. Pero Dios tenía un plan diferente para él. Dios lo había elegido para liberar a su pueblo Israel de la esclavitud de Egipto.

Para salvarlo de una muerte segura, su madre lo colocó en un cesta sobre las aguas del Nilo. Allí la hija del faraón lo vio y decidió quedárselo. Si bien, durante algún tiempo la madre de Moisés lo cuidó contratada por la hija de Faraón; luego él creció y recibió su educación en Egipto, rodeado de los placeres y privilegios concedidos por ser el nieto del Faraón.

Cuando pienso en personas que son llamadas por Dios siempre viene a mi mente Moisés y la forma en que Dios lo llamó.

EL LLAMADO DE MOISES

“Muchos años después, cuando ya era adulto, Moisés salió a visitar a los de su propio pueblo, a los hebreos, y vio con cuánta dureza los obligaban a trabajar. Durante su visita, vio que un egipcio golpeaba a uno de sus compatriotas hebreos. Entonces Moisés miró a todos lados para asegurarse de que nadie lo observaba, y mató al egipcio y escondió el cuerpo en la arena. Al día siguiente, cuando Moisés salió de nuevo a visitar a los de su pueblo, vio a dos hebreos peleando.

—¿Por qué le pegas a tu amigo? —le preguntó Moisés al que había empezado la pelea.

El hombre le contestó:

—¿Quién te nombró para ser nuestro príncipe y juez? ¿Vas a matarme como mataste ayer al egipcio?

Entonces Moisés se asustó y pensó: «Todos saben lo que hice». Efectivamente, el faraón se enteró de lo que había ocurrido y trató de matar a Moisés; pero él huyó del faraón y se fue a vivir a la tierra de Madián.” Éxodo 2-11:15

Dios efectivamente había colocado un peso por el pueblo de Israel en el corazón de Moisés. Pero al igual que Moisés, cuando queremos cumplir el plan de Dios en nuestros tiempos, con nuestras fuerzas y en nuestras condiciones, enfrentaremos el fracaso al igual que él lo hizo, y solo podremos huir avergonzados. Muchas veces hasta entorpecemos los planes de Dios. Por eso es de suma importancia confiar en Dios para que nos indique el próximo paso que debemos dar, siendo humildes, y él abrirá o cerrará las puertas, y podremos reposar hasta que él nos diga: “ve”.

Algo para recordar:

“Las demoras de Dios no son motivo de despreocupación, porque él oía los gemidos, veía los apuros, sentía los dolores, y recordaba su pacto. Lo que ha prometido, lo cumplirá, porque nunca rompe su pacto con su pueblo. Cuando llega el momento oportuno, Dios actúa inmediatamente.” Warren Wiersbe, “Seamos libertados”, Editorial Porta voz, 2001.

El tiempo que Moisés pasó en el desierto fue, seguramente, de preparación. Pues allí, tuvo suficiente tiempo para pensar y meditar, de orar y buscar a Dios.

Moisés esperó 40 años en el desierto hasta que Dios se pareció a él. (Recuerde que esperar no significa estar sin hacer nada, Dios no alienta la pereza. Recuerde que mientras Moisés esperaba, trabajaba como pastor y seguramente uso el tiempo que tenía para buscar a Dios en oración y posiblemente para medicar en lo que ya conocía de Dios).

Cuando Dios se apareció a Moisés lo hizo de una forma asombrosa, él quería que Moisés fuera atraído por su presencia.

“Allí el ángel del SEÑOR se le apareció en un fuego ardiente, en medio de una zarza. Moisés se quedó mirando lleno de asombro porque aunque la zarza estaba envuelta en llamas, no se consumía.” Éxodo 3:2-3

Algo que me encanta de Dios es que cuando él nos llama no quedan dudas. Es claro. Pero también él espera ver nuestra respuesta.

Podemos ver que la zarza no se acercaba a Moisés, pero él fue atraído hacia ella. Muchas veces, podemos ver a Dios tratando de llamar nuestra atención. Tal vez Dios te este buscando a través de ese amigo o familiar que vez tras vez te invita a la iglesia o trata de hablarte de las cosas de Dios. Tal vez, Dios este intentando llamar tu atención a través de la predicación del domingo, en medio de un problema, un accidente, una enfermedad, o simplemente trayendo a la memoria algún versículo que leíste en el pasado. Pero está en nosotros la decisión de hacia dónde queremos mirar.

Si hoy adviertes que Dios se presenta ante tí, no mires hacia otro lado, ni te hagas el distraído. Dios no te va a llamar  a nada para lo que antes no te haya capacitado; ni sin prometerte al mismo tiempo que te envía, que irá a tu lado, y que podrás ver  su poder en ti. (Esto podremos verlo en más detalle en la próxima publicación)

En el Salmo 32:9, encontramos una gran advertencia: “Los mulos y los caballos son tercos y no quieren aprender; para acercarse a ellos y poderlos controlar, hay que ponerles rienda y freno. ¡No seas tú como ellos!”.

“…porque él es nuestro Dios. Somos el pueblo que él vigila, el rebaño a su cuidado. ¡Si tan solo escucharan hoy su voz!

 El SEÑOR dice: «No endurezcan el corazón como lo hizo Israel en Meriba, como lo hizo el pueblo en el desierto de Masá.” Salmo 95:7-8

Dios nunca te va a obligar a nada, él es paciente y mantiene la llama de la zarza viva hasta que decidas acercarte. Pero recuerda que mientras dudas o vas hacia otro lado, pierdes bendiciones preparadas para ti, puedes ser disciplinado por Dios para llamar tu atención y hacerte volver de tu mal camino, y pierdes oportunidades que nunca se repetirán.

Moisés no miro hacia otro lado, él se acercó a la presencia de Dios para escucharlo hablar.

“«Esto es increíble —se dijo a sí mismo—. ¿Por qué esa zarza no se consume? Tengo que ir a verla de cerca».

Cuando el SEÑOR vio que Moisés se acercaba para observar mejor, Dios lo llamó desde el medio de la zarza:

—¡Moisés! ¡Moisés!

—Aquí estoy —respondió él.

–Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.

Cuando Moisés oyó esto, se cubrió el rostro porque tenía miedo de mirar a Dios.” Éxodo 3:3-4

Dios se presenta de muchas formas ante nosotros y espera que nos acerquemos solícitos y en humildad. Así como lo hizo Moisés.

“-No te acerques más —le advirtió el SEÑOR—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa.”  Éxodo 3:5

Pero también debemos recordar que Dios es Santo. Solo en el libro de los salmos se menciona por lo menos 35 veces que Dios es santo y habita en santidad.

“¿Quién puede subir al monte del SEÑOR?

¿Quién puede estar en su lugar santo? Solo los de manos limpias y corazón puro, que no rinden culto a ídolos y nunca dicen mentiras.”    Salmo 24:3

EL LLAMADO A SER SALVOS

Cuando él nos llama para ser salvos su mensaje es muy claro. El pecado ensucia nuestras vidas y nos separa de Dios. Pero su mensaje no termina ahí. Dios envió a su Hijo al mundo, el cual derramó su sangre en la cruz para limpiar nuestros corzones del pecado. Y a través de él es que tenemos vida eterna.

Versículos:

” Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios.” Romanos 3:23, ”  Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso.” Efesios 2:8-9, “Quien sólo vive para pecar, recibirá como castigo la muerte. Pero Dios nos regala la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.” Romanos 6:23, “Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna.” Juan 3:16, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;”Juan 1:12

Si aun no has respondido el llamado de Dios para salvación, recuerda que hoy es un buen día para escuchar el llamado de Dios y acercarte a su presencia.

Pero si ya has escuchado y respondido al llamado de Dios para salvación. Déjame decirte que Dios también tiene un llamado para tí,

EL LLAMADO DE DIOS A PREDICAR Y SEGUIRLE

A PREDICAR. Al igual que Pablo, apóstol y discípulo de Cristo, nosotros también somos llamados a anunciar el evangelio.

“Queridos hermanos y hermanas de la iglesia en Roma: Yo soy servidor y apóstol de Jesucristo porque Dios me eligió para anunciar las buenas noticias que él tiene para nosotros.” Romanos 1.1

A SEGUIRLE. “Nuestro Señor nunca exige las mismas condiciones para el discipulado que para la salvación. Nosotros hemos sido conducidos a la salvación por medio de la Cruz de Cristo. Pero el discipulado lleva en si una opción.” Oswald Chambers

Si alguno de ustedes quiere ser mi discípulo, tendrá que amarme más que a su padre o a su madre, más que a su esposa o a sus hijos, y más que a sus hermanos o a sus hermanas. Ustedes no pueden seguirme, a menos que me amen más que a su propia vida.” Lucas 14.26

Podemos ver que el Señor Jesús no nos obliga a seguirle sino que nos da la oportunidad de hacerlo. Es nuestra elección seguirlo o no.

El llamado a seguirle implica, acercarnos a él, seguir sus pisadas, obedecerle, sufrir por él, creer sus promesas,…

Moisés eligió acercarse a la zarza que no se consumía. Hoy Dios te está llamando, ¿tú qué decisión vas a tomar, acercarte a su presencia o huir de ella?

Recuerda que si decides acercarte hoy a Dios podrás oír su voz diciendo tu nombre e invitandote a estar en su presencia.

Cada día enfrentamos esta decisión, “hoy es un buen día para escuchar el llamado de Dios hacia su presencia”.

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Un comentario en “Hoy es un buen día para escuchar el llamado de Dios hacia su presencia.

  1. Gaby, siempre Dios pone a las personas que necesitamos conocer para que podamos experimentar su amor por medio de otros, una de esas personas eres tu, doy gracias a Dios por tu vida, y eres un ejemplo para mi, gracias por este tema que bendice mi vida.

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