Hoy es un buen día para sumergirnos en la presencia de Dios PARTE II

Ahora nos tomaremos un tiempo para hablar acerca de la necesidad de la palabra de Dios y de su efecto en nuestras vidas.

Anteriormente dijimos que podemos comparar la palabra de Dios con el visor que usamos para hacer snorkel. Y esto produce en nosotros una nueva dependencia. Pues así como sin el visor podemos ver nada o casi nada de bajo del agua. Así también sin la palabra de Dios estaremos a tientas en nuestra vida cristiana. Pues por medio de ella podemos:

Salmo 18:25-35

  •  Conocer a Dios y su carácter.

Tú eres fiel con quien es fiel, e irreprochable con quien es irreprochable; sincero eres con quien es sincero…” (vrs. 25-26)

  • Confiar en su presencia.

“…Tú, Señor, mantienes mi lámpara encendida; tú, Dios mío, iluminas mis tinieblas. Con tu apoyo me lanzaré contra un ejército; contigo, Dios mío, podré asaltar murallas”. (vrs. 28-29)

  • Caminar Seguros. 

El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian. ¿Quién es Dios, si no el Señor? ¿Quién es la roca, si no nuestro Dios?”. (vrs. 30-31)

  • Capacita para ser vencedores frente a toda circunstancia.

Es él quien me arma de valor y endereza mi camino; da a mis pies la ligereza del venado, y me mantiene firme en las alturas; adiestra mis manos para la batalla, y mis brazos para tensar arcos de bronce. Tú me cubres con el escudo de tu *salvación, y con tu diestra me sostienes; tu bondad me ha hecho prosperar. (vrs. 32-35)

David conocía Dios, y creía en él. Esto lo podemos ver a través de muchos versículos. Él podía decir confiadamente: “Jehová es mi pastor, nada me faltará”, “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿De quién temeré?, “Jehová es mi fuerza y mi escudo; en él confió mi corazón…”, “Pero un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida…”, etc. (citas: Sal. 23:1, Sal 27:1, Sal. 28:7, Sal. 30:5). Y hay más veces en las que David hace afirmaciones de su entera confianza en Dios.

¿Cómo logro tener esa fe? Por medio de una comunión íntima con Dios. No solo hablo de leer la Biblia. David amaba la palabra de Dios.

La ley del Señor es perfecta: infunde nuevo aliento. El mandato del Señor es digno de confianza: da sabiduría al sencillo. Los preceptos del Señor son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos. El temor del Señor es puro: permanece para siempre. Las sentencias del Señor son verdaderas: todas ellas son justas. Son más deseables que el oro, más que mucho oro refinado; son más dulces que la miel, la miel que destila del panal. Salmo 19:7-10

El autor del Salmo 119 dice lo siguiente a cerca de la Palabra de Dios: (Te invito a que leas todo el salmo pero aquí hay algunos fragmentos.)

“…Yo te busco con todo el corazón; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. ¡Bendito seas, Señor! ¡Enséñame tus decretos! Con mis labios he proclamado todos los juicios que has emitido. Me regocijo en el camino de tus estatutos más que en todas las riquezas. En tus preceptos medito, y pongo mis ojos en tus sendas. En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra Ábreme los ojos, para que contemple las maravillas de tu ley... A toda hora siento un nudo en la garganta  por el deseo de conocer tus juicios…Tus estatutos son mi deleite; son también mis consejeros... Postrado estoy en el polvo; dame vida conforme a tu palabra…Hazme entender el camino de tus preceptos; y meditaré en tus maravillas. De angustia se me derrite el alma: susténtame conforme a tu palabra. Manténme alejado de caminos torcidos; concédeme las bondades de tu ley… Si tu ley no fuera mi regocijo, la aflicción habría acabado conmigo. Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has dado vida… ¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día medito en ella…” 

Y podría seguir agregando versículos como: 105, 111, 130, 140, 142, 143, 147, 148, 151 y 152, 165, 166 al 168. Y este es solo un salmo.

Tal vez se te ha hecho largo leer tantos versículos en este capítulo, pero solo la palabra de Dios puede penetrar tu alma y tu corazón (Hebreos 4:12). Solo por medio de ella podrás creerle a Dios y actuar en consecuencia (Romanos 10:17).

Yo doy gracias a Dios por el privilegio que me ha dado de poder conocer su palabra. En un principio anhelé conocerla, porque hombres y mujeres que se encontraban a mi alrededor vivían lo que predicaban. Dios me permitió crecer espiritualmente en una iglesia que enseñaba bien la palabra de verdad. Cuando la prueba llegó a mi vida, no reaccioné bien de inmediato. Recuerdo a los 16 años, estando en cama, cómo ponía mi confianza en tratamientos y doctores para aliviar el dolor y poder mejorar. Hasta que un día una amiga, Noémi, llamó desde Bolivia. Recuerdo que no hablamos mucho pero algo que me dijo me dejó pensando: “Es hora de que dejes de preguntarle a Dios porqué y le pidas que te muestre el para qué de estar atravesando esta situación”.

Ese día mi forma de pensar cambió y comencé a buscar en la palabra de Dios promesas que me animaran. Me aferré a ellas y confié en Dios. Estando en ese período de 18 meses en cama. Me propuse orar 3 veces al día. No tenía 10 o 20 motivos. Oraba por cada misionero que conocía, oraba por cada ministerio, por cada una de las personas que conocía, oraba por actividades especiales, motivos personales… Oraba, y cuanto más oraba, más crecía en mi la paz de Dios y el gozo de poder ayudar a los que me rodeaban. Una frase que me encanta es: “Cuando hacemos algo, lo hacemos con nuestras fuerzas limitadas. Cuando oramos por algo dejamos que la mano poderosa de Dios nos ayude y haga lo necesario”.

La palabra de Dios fue mi sustento. Memoricé el libro de Santiago, de efesios, de filipenses, el salmo 23, 27, 84, y muchos más versículos. (recuerda que pasaba 24 hs. En mi casa).

Cuando la prueba llegó a mi vida de nuevo hace dos años, el Señor estaba conmigo, él me fortalecía día a día con la meditación de su palabra. Muchos días no pude leerla porque mi vista se nublaba a causa de las medicinas, pero años atrás Dios me había enseñado la importancia de memorizar la biblia. Cuando durante muchos meses Dios me alejó de mi hija a causa de mi salud, Dios me consoló y pusó a mi lado a mis suegros, a hermanos de la iglesia que fueron como familia, y aceptaron a Nicole como hija propia. Cuando el dolor era terrible podía aferrarme a la certeza que Dios sabia por lo que estaba pasando, que me amaba, y que no me iba a dejar. Cuando veía a mi esposo agotado, estresado por la falta de dinero y las obligaciones, y yo sin poder levantarme de la cama. Dios me consolaba por medio de su palabra. Sabes que hacia cuando en algún momento del día el mareo se iba. Tomaba mi biblia y leía los salmos. Porque necesitaba escuchar a Dios.

Hombres y mujeres, jóvenes, niños, ancianos, diferentes iglesias en el mundo, intercedían a Dios en oración por mí. Eso me sostuvo.

Yo no puedo obligarte a creer en el poder de la oración y de la palabra de Dios. Pero te puedo dar testimonio de lo que ella hizo y hace en mi vida.

No es fácil, no se logra de inmediato, pero si te sumergen en la presencia de Dios por medio de la oración y la meditación de la palabra de Dios podrás ver que es verdad.

El salmo 119:146 y 148 dice lo siguiente:

“Con todo el corazón clamo a ti, Señor; respóndeme, y obedeceré tus decretos. A ti clamo: «¡Sálvame!» Quiero cumplir tus estatutos. Muy de mañana me levanto a pedir ayuda; en tus palabras he puesto mi esperanza.

Por último quiero advertirte algo. No se trata de la emoción de un día. Se trata de la decisión en cada momento. Tú puedes elegir que hacer frente a cualquier situación. Buscar la guía de Dios por medio de la oración y de su palabra. O hacer las cosas según te guíe tu mente y tu corazón.

“Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor. Dichosos los que guardan sus estatutos y de todo corazón lo buscan. Jamás hacen nada malo, sino que siguen los caminos de Dios. has establecido tus preceptos, para que se cumplan fielmente. ¡Cuánto deseo afirmar mis caminos para cumplir tus decretos! No tendré que pasar vergüenzas cuando considere todos tus mandamientos. Te alabaré con integridad de corazón, cuando aprenda tus justos juicios. Tus decretos cumpliré; no me abandones del todo.

Salmo 119:1-8

No importa en qué situación te encuentres la oración y la palabra de Dios siempre son efectivas.

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