Hoy es un buen día para estar en la presencia de Dios confiando en que él me ve

Desde hace ya un tiempo, habiendo escuchado una enseñanza basada en Génesis 16. Dios habló a mi corazón a través de la historia de Agar.

Ella siendo la sierva de Saraí, esposa de Abram, fue la elegida por Saraí (no por Dios) para ayudar a Dios a cumplir su promesa que le daría descendencia a Abram.

  • Saraí desesperó y no confió en Dios. Así que llevó a cabo un plan que solo complicaría todo. Génesis 16.1-4
  • Abram escuchó a su esposa y le siguió en su plan. En vez de aumentar la fe de ella en Dios. Vr 4
  • Agar, siendo la elegida para ser la madre del hijo de Abram, se envaneció y se creyó con más importancia que la misma Saraí, de tal manera que la miraba con desprecio. Vr 4 y 5
  • Luego Saraí se quejo con Abram y afligía a Agar. Entonces la sierva de Saraí huyo.

Aquí pude ver varias lecciones para mi vida.

1. Debo esperar los tiempos de Dios y no tratar de ayudar a Dios como Saraí.
Eclesiastés 3.11 dice que Dios TODO lo hace hermoso a su tiempo.
Salmo 18.30, Dios protege a quienes esperan en él.
Salmo 38.15, Dios responde a aquellos que esperan en él.
2. Debo ser humilde, no como Agar que se envaneció.
Santiago 4.6, Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes.
Proverbios 18.12 Dios quebranta el corazón altivo.
3. Ningún conflicto se soluciona huyendo…
Salmo 55.4-7 dice,

“Siento que el corazón se me sale del pecho; el miedo a la muerte me domina. Estoy temblando de susto; ¡realmente estoy espantado! ¡Quisiera yo tener alas, y volar como paloma hasta un lugar tranquilo! Me iría muy lejos de aquí: ¡me iría a vivir al desierto!”

El salmista al igual que Agar, y que muchos de nosotros, quería huir de sus problemas. Pero más adelante vemos el ejemplo correcto a seguir.

Salmo 55 16,17 y 22 (TLA)

“Yo, por mi parte,
voy a pedirle ayuda a Dios;
¡él habrá de salvarme!
Mañana, tarde y noche,
no dejaré de rogarle;
¡él habrá de escucharme!…
Mi amigo, te aconsejo
que  en manos de Dios
todo lo que te preocupa;
¡él te dará su apoyo!
¡Dios nunca deja fracasar
a los que lo obedecen!
¡Por eso siempre confío en él!”

En medio del conflicto lo mejor que podemos hacer es buscar a Jehová.

 

Pero quisiera avanzar un poco más en el pasaje.

Cuando Agar huyó se encontraba en el desierto. Y te invito a imaginarte esta situación.
Ella había sido elegida para ser esposa de su amo y llevaba en su vientre un hijo. Seguramente se encontraba desilusionada. Ser esposa y madre tendría que traerle beneficios pero ahora se encontraba peor que antes, cuando era solo una sierva.
No solo ya no tenía la seguridad de una casa, alimentos, protección, por parte de su amo, sino que además ahora ella debía preocuparse por el hijo que llevaba dentro. Seguramente sintió tristeza por lo que dejaba atrás e inseguridad y temor por lo que le esperaba.
Y sabes, cuando leí esta historia me sentí tan identificada porque muchas veces me encontré así. Olvide mencionar al comienzo que leí este pasaje mientras me encontraba nuevamente en cama debido a una recaída. El dolor en mi pierna había regresado muy fuerte, inicialmente las medicinas no dieron resultado y tuve que hacer reposo durante 15 días, inyectarme día por medio y volviendo a tomar medicinas que había dejado atrás.

¿Sabes cómo me sentí? Desilusionada, confundida, triste, y con mucho temor. Así como Agar, y sé que como muchos de ustedes se sienten o se sintieron en algún momento de sus vidas.

Pero me encanta que la historia no termina ahí, sino que viene una de las verdades que me ha sostenido en los momentos más sombríos de mi vida. DIOS ME ESTÁ VIENDO.
Porque es parte de su esencia, de su carácter. Él nunca me abandona. Nunca me deja sola. Y si tengo que sufrir, él está a mi lado y me sostiene, me consuela, me anima.

Genesis 16.6 en adelante:

“Fue así como Sarai comenzó a maltratarla, y Agar se vio obligada a huir.
7 Cuando Agar llegó al manantial que está en el desierto de Sur, junto al camino que lleva a Egipto, Dios salió a su encuentro (No se encontraron por casualidad, Dios sabia dónde y cómo se encontraba Agar)
y le dijo:
—Agar, esclava de Sarai, ¿qué haces aquí? ¿A dónde vas?
Y ella le contestó:
—Estoy huyendo de mi dueña.
9-11 Entonces Dios le dijo:
—Es mejor que regreses con ella, y que la obedezcas. De mi parte, yo haré que tengas tantos descendientes, que nadie podrá contarlos… (Aquí Dios le pide a Agar que confié en él. Y entonces él haría)
13 Después de que Dios le habló, Agar le puso por nombre: «Tú eres el Dios que todo lo ve». Y es que dijo: «He visto al Dios que me ha visto». 14 Desde entonces ese manantial se llama «Pozo del Dios que vive y todo lo ve». Ese pozo todavía está allí, entre las ciudades de Cadés y Béred. (Me encantan estos versículos porque Agar descubre dos cosas fascinantes a cerca de Dios. Él me ve. Y yo puedo verlo a él cuando creo y le oobedezco Dios se vuelve tan real, que no solo podemos confiar en que nos ve sino que podemos decir “he visto al Dios que me ha visto”. Y te aseguro que es la sensación más hermosa y pacifica que cualquier ser humano puede anhelar)
15-16 Cuando Abram tenía ochenta y seis años, nació el hijo que tuvo con Agar, y Abram le puso por nombre Ismael. (Dios siempre cumple lo que promete)

 

Dios estaba con Agar, vio a Agar, y lo mejor de todo. Dios siempre está dispuesto a corregirnos y bendecirnos.
Dios le dijo a Agar, vuelve y obedece a Sarai. Y tu hijo tendrá una gran descendencia.

Que debemos hacer en la prueba, frente al desanimo, al temor, frente a la desilusión. Tener la certeza que Dios nos ve. Que desea mostrarnos el camino y bendecirnos. Pero debemos estar dispuestos a esperar en él y a confiar en él.
Y si te queda alguna duda de que Dios te está viendo, te invito a leer el salmo 33.13 al 22

Desde los cielos miró Jehová;
Vio a todos los hijos de los hombres; (incluyendote)
14 Desde el lugar de su morada miró
Sobre todos los moradores de la tierra.
15 El formó el corazón de todos ellos;
Atento está a todas sus obras.
16 El rey no se salva por la multitud del ejército,
Ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
17 Vano para salvarse es el caballo;
La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.
18 He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen,
Sobre los que esperan en su misericordia,
19 Para librar sus almas de la muerte,
Y para darles vida en tiempo de hambre.
20 Nuestra alma espera a Jehová;
Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
21 Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón,
Porque en su santo nombre hemos confiado.
22 Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros,
Según esperamos en ti.

 

Hoy es un buen día ver al Dios que te ve. Si crees en la Palabra de Dios podes saber que Dios te esta viendo hoy. La pregunta es ¿vos, podes verlo a él?

Que el Señor te bendiga.

 

 

 

Hoy es un buen día para recordar su obra

Este es un monólogo que escribí hace unos años atrás para representar en la iglesia en estas fechas. Y espero que puedas leerlo y comprender, a través de la mirada de la madre de Jesús todo lo que él soportó por amor a cada uno de nosotros.

A través de sus ojos

“Estos últimos días han sido terribles para mí… He podido experimentar un amor tan profundo que solo es comparable con el dolor inmenso que siento al ver el martirio de mi hijo. Sufrí en mi carne el dolor de cada látigo que cayó sobre él; al oler su sangre secándose en el piso mezclada con el sudor que provocaba su dolor. Era tanto el sufrimiento que ya no podía permanecer de pie; ¡en mi corazón deseaba gritar, decirles que paren, que le dejen en paz, que ya no le maltrataran más, acaso no entienden que es el Hijo de Dios, que esta pagando por delitos que no cometió!

Podía enojarme con aquellos que injustamente le acusaban, pero también sabía que todo estaba bajo el control de Aquel que me había elegido para formar en mi vientre al Redentor. Como madre no podía aceptar lo que mis ojos veían, pero sabía que Dios sabía lo que hacia, y que mi deber era permanecer a su lado y callar, así como Jesús lo hacia. Ya que nunca abrió su boca, sino que en silencio soportó el dolor.
Él no merecía el escarnio ni las burlas, pero todo lo soportó; porque sabía, confiaba, en el propósito de su nacimiento. Que él vino a buscar y salvar lo que se había perdido, que sería despreciado y humillado, varón de dolores, experimentado en quebrantos, que llevaría nuestras enfermedades, sufriría nuestros dolores… Cuando lo veía sufrir allí, sabía que era por causa de nuestras faltas, de nuestros pecados. Cada azote, cada burla, debían ser para mí, por cada vez que decidí hacer mi voluntad por encima de la del Padre.  ¡Él no había hecho nada digno de semejante castigo!

Durante treinta y tres años, había escuchado cada una de sus palabras y en mi corazón las había guardado como a un especial tesoro. Ahora veían a mi mente las palabras del profeta Isaías cuando decía, que el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas, ahora visibles en el cuerpo de Jesús, seríamos sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, mas Dios cargó en él el pecado de todos nosotros.
Como madre, me sentía impotente frente a tanto dolor. Porque no lograba entender porque eligió sufrir tanto por amor a aquellos que le despreciaron.
Junto a los que le seguían había gritado con todas mis fuerza que lo liberaran cuando Pilato preguntó, si a Jesús o a Barrabás preferís. Pero la multitud tuvo más fuerza. No podía entender como elegían a un asesino antes que a Jesús, el Hijo de Dios, que había demostrado su deidad por medio de muchos milagros.

Habría intentado limpiar sus heridas luego de ser azotado, pero sus cortes seguían sangrando. Habría deseado ser la elegida para ayudarlo a llevar su cruz pero Dios tenía destinado quien lo haría. No podía entender por completo la obra que Jesús estaba haciendo. Habría deseado ser yo quien sufriera en su lugar, pero de nada serviría pues solo él estaba designado para ello.

Solo su sangre vertida tiene el poder de limpiar los pecados de la humanidad.
Solo el Justo podía dar su vida por los injustos. Uno sin pecado por los pecadores.
En medio de la angustia y mis pensamientos, oí su voz, en agonía diciendo: ¡Padre, porqué me has desamparado!
En ese momento entendí que su mayor sufrimiento no fue el dolor físico ocasionado por los hombres, sino el abandono de Dios, cuando el pecado lo sostuvo en esa cruz, cuando las faltas de todos nosotros cayeron sobre él, y su Padre Santo ocultó su rostro.

Allí pude entender que por mi estaba clavado a esa cruz, que no solo era mi hijo, un hombre de carne. Él era Dios que vino a pagar por el pecador, y que también por mí estaba clavado en aquella cruz.
Entendí que si él lo hubiera deseado en un momento podría haberse bajado, haber cerrado la boca de los que le insultaban. En un momento podría haber detenido el corazón del soldado que lo clavaba a aquella cruz, pues Jesús es por quien todo fue creado y subsiste. Pero lo que lo aferró a esa cruz no fueron los clavos, sino el amor y el anhelo de salvar al pecador. El amor por tí y por mí, lo sostuvo en esa cruz.

Luego sus palabras lo afirmaron: ¡Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen!
Podría haber clamado clemencia, podría haber dictado juicio para con los que le insultaban, podría haber clamado y ángeles le hubieran defendido.
Pero allí clavado Jesús pensó en aquellos que estaban a su lado, mirándolo con odio y desprecio y una vez más les demostró que no vino para condenarlos.
Ninguna de sus palabras me conmovió más que estas últimas. A pesar del sufrimiento ocasionado por los hombres, de las burlas y el desprecio, él clamo una de sus últimas palabras manifestando su amor para con sus agresores.

Y al fin descansé, al oír sus palabras, ya casi sin fuerzas, como un simple suspiro exclamó: Consumado es.
Pues sabía que había terminado aquel calvario para el Hijo de Dios, para el hijo que Dios me dio el privilegio de llevar en mi vientre, al que críe y cuide durante tantos años. Por fin supe, que la obra estaba finalizada y ya dejaba este mundo para volver a la gloria que le correspondía y a la que había dejado por venir a buscar a aquellos que a mi lado le estaban mirando con desprecio.
Por venir a salvar a aquellos por los cuales él murió.
A través de sus ojos, mientras estaba en la cruz, pude ver la compasión y el amor que sentía por cada ser por los cuales moría.
A través de sus ojos, pude ver que el pecado debía ser pagado y que él eligió saldar esa deuda.
A través de sus ojos pude ver, mi condición de pecadora y su deseo de ser mi Salvador.
Y al tercer día, cuando vi la tumba vacía, mi corazón se llenó de alegría. El que resucitó es el único que puede dar la vida. Ese día comprendí que aunque el murió por todos resucitó, venciendo el pecado, la muerte y a Satanás.

“Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.” Romanos 6:23 NVI

Debemos entender que todos somos pecadores (Romanos 3.23), que no hay obra que podamos hacer para ganar la salvación (Efesios 2.8y9), que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo (Juan 3.16) y él derramó su sangre para que nuestros pecados pudieran ser limpiados (Apocalipsis 1.5), y que resucitó al tercer día. Y también debemos recibirle en nuestro corazón como nuestro Salvador personal.

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” Juan 1.12 NVI

Si aún no lo has hecho te animo a que no dejes pasar este día. Si deseas hacerlo puedes orar así,

Señor creo que soy pecador y que no hay nada que yo pueda hacer para llegar al cielo, creo que Jesús murió por  mis pecados y que resucitó para darme vida eterna, y hoy te recibo como mi Salvador Personal. En el nombre de Cristo, amén.

Hoy es un buen día para hallar satisfacción en la presencia de Dios

Cuando miramos a nuestro alrededor podemos encontrar mucha gente insatisfecha. Tal vez porque el tiempo pasó y han quedado cosas por hacer. Otros, porque no tienen lo que desean o creen que merecen tener más. Algunos han perdido algo realmente preciado y piensan que jamás volverán a estar completos nuevamente. Y te hago una pregunta: ¿estás hoy satisfecho con tu vida?

La insatisfacción y la queja provienen de nuestra naturaleza pecaminosa, cuando damos lugar a la carne y nos permitimos sentirnos orgullosos.
Pablo nos exhorta en Gálatas 5. 16 diciendo: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseo de la carne”.

Debemos entender que cuando nos quejamos y estamos insatisfechos por no tener lo que deseamos, o porque nuestra salud se deteriora, o porque Dios nos quitó algo que amábamos, estamos quejándonos contra él. Es como decir: “Señor te estás equivocando, yo merezco más. Señor no sabes lo que haces.”
En Números 14.27 vemos un claro ejemplo de ello: “¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan?”, dice Dios.
El Pueblo de Dios había dado lugar a su carne quejándose contra Dios. Y muchas veces, nosotros actuamos igual, aun habiendo visto a Dios mostrando su poder y su gloria en el pasado en nuestras vidas, altercamos con Él.

Pero cuando entendemos que no somos merecedores de nada, sino que todo lo que recibimos es por la gracia de Dios. Cuando nos rendimos ante él, reconociendo su soberanía y sus planes benévolos para nosotros. Entonces, podremos encontrar satisfacción y contentamiento en cualquier situación que enfrentemos.

En 1 Timoteo 6.6-8 dice: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; 7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.”
Hebreos 13.5 “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.”

Cuando andamos en el espíritu y no en la carne, nuestra actitud será transformada. La queja se convertirá en gratitud. El lamento en alabanza. Como dice Efesios 5:18-20
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, 19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”
El resultado de ser llenos del Espíritu Santo es no ceder ante la carne y esto se manifiesta en una vida satisfecha en Dios.

Podemos ver el ejemplo de Pablo en Filipenses 4.10-1,
“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Cuando tenemos a Cristo, tenemos todo lo que necesitamos. Y cuando no lo tenemos, no tenemos nada.

Recuerdo que cuando me encontraba muy mal de salud, con dolores muy fuertes, incapacitada y limitada de muchas maneras. Aun en esas circunstancias, tenía contentamiento y satisfacción. Porque había hecho mías las palabras que el Señor le dice al apóstol Pablo en 2 Corintios 12.9-10, “Bástate en mi gracia porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”. Una y otra vez, recordaba estas palabras. En vez de quejarme por los dolores, podía dar gracias a Dios que me sustentaba. Sabía que Dios no me había quitado nada que mereciera. ¿Quién dijo que merecemos ser sanos, o ser ricos, o estar libres de sufrimiento? Por el contrario, si tienes salud, alaba a Dios. Es un regalo de parte suya. Lo mismo si tienes posesiones materiales. Debemos entender que no somos dignos de nada. Nuestro enfoque tiene que ser el buscar a Dios y él nos dará todo lo necesario. Mateo 6.33 dice “Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Dios les dará a su tiempo todo lo que necesiten.” (TLA)
Entonces, cuando volvamos nuestra mirada a Dios hallaremos verdadera satisfacción.

Quiero dejar claro algo; la satisfacción no proviene de lo que tenga o no tenga. En mi caso, muchas veces fui cuestionada por decir que estaba bien con Dios a pesar de lo que me pasaba. Fui juzgada y catalogada como conformista, dejada y hasta loca. Pero quiero que sepas algo, podía contentarme en Dios y confiar que él permitía que estuviera postrada y con dolor. Pero eso no me impedía seguir luchando para dar un paso más, para soportar otro poco el dolor, para salir e ir a ver a mi hija en una presentación escolar. Dios era quien me fortalecía. Dios no quiere cristianos de brazos caídos que no se quejen pero que se queden postrados. Él te pone en esas circunstancias difíciles para que en dependencia de él seas más fuerte y lleves gloria a su nombre.

Recuerda que:
– Dios es quien nos fortalece
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Isaías 40.29

– Dios es quien nos sostiene
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41.10

– Dios es quien provee

“Jehová es mi Pastor, nada me faltará” Salmo 23.1

– Dios es quien da alegría a nuestra vida
“Tú diste alegría a mi corazón. Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”. Salmo 4.7
– En cuya presencia hay plenitud de gozo
Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. Salmo 16.11

Antes de terminar quiero dejarte 3 claves para hallar satisfacción en Dios.

1. Deléitate en la persona de Dios
“Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.” Salmo 37.4
2. Deleitate en la Palabra de Dios
“Me regocijo en tu palabra Como el que halla muchos despojos”. Salmo 119.162
3. Deleitate en las promesas de Dios
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” 2 Pedro 1.19

Te vuelvo a preguntar, ¿estás satisfecho en Dios? ¿Hay queja e ingratitud en tu vida? ¿A pesar de las circunstancias tienes paz y gozo? ¿Estás andando en el espíritu o dando lugar a la carne? Y por último, si eres un hijo de Dios, ¿Le estás buscando a él en primer lugar o estás buscando satisfacerte en tus propias fuerzas?

A.W. Tozer dijo, “El hombre que tiene a Dios por su posesión, tiene todo lo que es necesario tener”.

Hoy es un buen día para hallar satisfacción en la presencia de Dios.
Que el Señor te bendiga ricamente.

Hoy es un buen día para recibir la paz de la presencia de Dios

Recuerdo que cuando vivía en Buenos aires, los días 23 y 24 de diciembre no quería salir de mi casa. Vivía en una zona comercial, y desde temprano empezaban los embotellamientos, los bocinazos de los autos, los choques. No podía caminar 100 metros sobre la acera sin que alguien me golpeara al pasar… La gente a mi alrededor se veía completamente alterada. No podía decir que era un tiempo de paz y felicidad.

Pero la navidad es mucho más que reuniones, compras y regalos. El verdadero significado de la navidad es Jesús. El cual tuvo la misión más importante en la historia de la humanidad, traer paz al hombre y reconciliación con Dios.

Isaías profetizó mucho tiempo antes que Jesús naciera, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. (Is. 9.6)
Cuando Los ángeles anunciaron a los pastores las buenas nuevas del nacimiento del niño Dios. Una multitud de huestes celestiales alabaron a Dios diciendo:
“ ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra PAZ, buena voluntad para los hombres”. Lucas 2.14

Jesús nació con el propósito de traer paz al corazón del hombre. Paz que había perdido a causa del pecado. Esa paz que no viene de las circunstancias ni es temporal. Él vino a darnos paz con Dios.

Podemos tener dinero, pero vivir afanados para conservarlo. Podemos tener el amor de personas, pero aún así sentirnos solos o inseguros. Podemos tener salud, y angustiarnos porque sabemos que todo nuestro cuerpo se irá desgastando… En el mundo encontraremos aflicción (Juan 16.33). Nada en este mundo puede darnos esa paz inexplicable y tan anhela por nuestros corazones. Pero Jesús nos dice, “pero confiad, yo he vencido al mundo”.
Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, dejando la gloria del cielo para nacer en un pesebre, lo hizo pensando en ti y en mí; porque sabia que por nosotros mismos era imposible llegar a Dios a causa de nuestros pecados (Ro. 3.23). Él nació sabiendo que tendría que sufrir en la cruz, llevar nuestros pecados sobre él, y morir. ¿por qué lo hizo? Por amor. Pero Jesús no solo murió por nuestro pecados, sino que también resucitó, venciendo a la muerte, el pecado y a satanás.
Romanos 5.1 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;”

¿Qué debemos hacer para tener paz con Dios? Reconocer nuestros pecados y pedirle perdón a Dios; creer que Jesús es el Hijo de Dios y nació, murió y resucitó, para darte el regalo de la vida eterna; y aceptarle como tu Salvador.
Juan 1.12 dice, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”

¿Qué mayor paz podemos esperar tener que el saber que Dios nos ama tanto que envió a su hijo al mundo para salvarnos. Y si dio a su único hijo cómo no nos dará todo lo que necesitamos?

Jesús es la navidad, y sin él todo es temporal, todo es efímero. Solo en él encontrarás esa paz que buscas.

En estas fiestas no lo olvides, y más importante aún, no dejes de recibir el regalo de Dios para ti. Paz con Dios por medio de Jesucristo.

Que el Señor te bendiga y tengas una feliz navidad.

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Hoy es un buen día para perdonar en presencia de Dios

En estos dos meses, aunque sin publicar, ha sido un tiempo de mucho aprendizaje personal. De aplicar muchas de las cosas ya escritas, y también de prepararme para seguir dando a Dios lo mejor, mediante cada uno de estos pequeños estudios. Y sinceramente, no ha sido un tiempo fácil.

Como en las últimas publicaciones hemos estado hablando acerca del sufrimiento, Dios puso en mi corazón, hace unas semanas, el tema del perdón. ¿y cómo se relaciona el sufrimiento con el perdón? Bueno, algo que he notado es que la FALTA de perdón acarrea gran sufrimiento a nuestra vida.
He podido ver como la falta de perdón puede provocar luchas en nuestro interior, entre lo que sentimos y lo que sabemos que debemos hacer. También, como la falta de perdón te estanca impidiéndote disfrutar del presente o de las cosas positivas que Dios te da. Y no hablo solo de perdonar a otros, muchas veces nosotros mismos nos rehusamos a seguir adelante porque no nos hemos perdonado. Y seguimos cargando la misma pesada mochila por siempre.

Y quiero ser clara en esto, yo sé que perdonar no es algo fácil, que la otra persona no siempre se lo merece, que olvidar cuesta mucho. Pero aunque es algo con lo que yo misma lucho, sé que perdonar es lo que Dios desea. Y por qué, porque sabe que cuando no perdonamos nos dañamos a nosotros mismos, nos alejamos de él, y nos llenamos de rencor y amargura.

La primera vez que me enfrente con la falta de perdón en mi vida, fue difícil de aceptar. Primero, pensaba que no había nada que perdonar. Cuando en realidad, la otra persona queriendo o no, me había lastimado. Así que el primer paso fue reconocer que estaba dolida.

Luego, cometí otro error. Perdonar muy fácilmente. Quiero explicar este punto. Asumí la ofensa y decidí pasarla por alto. No darle importancia. Pero en realidad había dolido mucho. ¿Cómo me di cuenta que no había perdonado? Nunca tenía nada bueno que decir de esa persona. No quería verla y menos tener que interactuar con ella. Hasta llegó el punto en que me di cuenta cuán ofensiva era al hablar con esta persona. Solo peleaba con ella. ¿por qué? Porque aunque pensé que la había perdonado no era así.

Cuando la persona que amas, que se supone debe cuidarte y protegerte, es la que te hiere, es cuándo más duele. Pero quiero decirte que somos capaces de perdonar, solo debemos decidirlo.

  • Dios nos dice que debemos hacerlo,
    Colosenses 3.13 dice: “de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.”
    Perdonar implica dejar ir aquello que nos lastimo. Olvidarlo, esto es dejar de traerlo a la memoria. Y cuando lo hacemos, encontramos paz. Somos liberados de la carga que llevábamos.
  • Debemos perdonar como Cristo lo hizo. Sin reservas, sin condiciones. Él perdonó todos mis pecados, todas mis ofensas. (Salmo 103.3). Perdonar, aunque la otra persona no pida perdón. Cristo murió en la cruz mucho antes que yo le confesara mis pecados. Pero él estuvo dispuesto a perdonar.

En mi caso, como dije antes, tuve que reconocer que me habían lastimado. Tuve que reconocer que necesitaba perdonar, y entonces tomé esa decisión, pero también entendí que necesitaba de Dios para hacerlo. Oré y le dije a Dios cuán herido estaba mi corazón, y que estaba dispuesta a perdonar. Y le pedí que me ayudara en ese proceso. Cada vez que venía a mi mente el momento de maltrato, lo quitaba, repitiéndome que ya lo había perdonado. Y llego el momento, en que esos pensamientos ya no volvieron.

Podemos encontrar perdón en Dios. Y también en él la fortaleza para perdonar (Filipenses 4.13).

Dios no quiere vernos llenos de culpa, amargados, sufriendo, por la falta de perdón en nuestra vida. Nos enseña que debemos perdonar y que en él podemos hacerlo.

Hebreos 12.15 dice, “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”

Hoy es un buen día para perdonar en presencia de Dios. No dejes que la amargura siga destruyendo tu vida y la de quienes te rodean, y que por aferrarte a ella dejes de alcanzar la gracia de Dios.

Espero que este estudio sea de bendición para tu vida.

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Que el Señor te bendiga ricamente…

Hoy es un buen día para someter nuestras aflicciones en la presencia de Dios.

En la publicación pasada pudimos apreciar cómo Dios puede utilizar nuestro sufrimiento para beneficio nuestro. Pero aunque podemos saber esta verdad no siempre aceptamos las pruebas o los tiempos difíciles de la mejor manera.

Después del accidente, a mis 16 años, pensé que había aprendido y entendido todo en cuanto a la prueba. Después de casi dos años ya estaba recuperada en gran parte de mi salud. Y Dios concedió el deseo de mi corazón de ir a estudiar al Instituto Bíblico. Realmente gocé cada momento en aquel lugar, y aunque implicaba un sacrificio, pues sentía bastante dolor aún, podía disfrutar de cada clase, ministerio y tiempo en aquel lugar. Pero a mitad de año comencé a sentir una molestia en la planta del pie. La cual empeoró con el correr de las semanas. Cuando fui a ver al doctor me dijeron que tenía un quiste que estaba creciendo mucho y debía ser operado.

“Habiendo aprendido todo en cuanto a las pruebas”, me lo tome con calma. Programaron la operación para las vacaciones de invierno, para que no perdiera clases. Pero sucedió que luego de la operación, mi pie no cicatrizaba como era debido. Asique en vez de dos semanas de recuperación, ahora era algo incierto cuándo regresaría a estudiar.

Mi reacción fue enojarme con Dios, reclamarle. Para qué me hizo entrar al instituto si luego no podría continuar. ¿no había sufrido ya con mi columna demasiado como para sufrir ahora del pie?

Sentí amargura, enojo, frustración, me quejé contra Dios… Pero Dios en su amor y misericordia. Me corrigió y me enseño que más que enojarme por no seguir estudiando, tenia que agradecer por el tiempo allí. Me enseño que él me permitió ir pero nunca me dijo por cuánto tiempo. Yo di por sentado que sería todo el año. Y otra vez me sometí a él. Y le busque en medio de mi aflicción.

Por eso sé que muchas veces nuestra reacción frente al sufrimiento puede ser la queja, la frustración, la amargura, el enojo…

El apóstol Pablo nos exhorta en Hebreos 12:15 diciendo:
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

NO SOLO YO SUFRO CON ESTA POSTURA SINO TODOS LOS QUE ME RODEAN.

No sé si te a pasado, pero a mí sí. Nadie quiere estar con una persona que se la pasa lamentando y quejando. Se vuelven una carga. Contagian esa amargura…
Ese no es el testimonio que Dios desea que den sus hijos.

Todos experimentamos o vamos a experimentar sufrimientos en nuestras vidas. ¿por qué lo sé? Porque el mismo Jesús lo declara: “En el mundo tendréis aflicción…”
Si solo leyéramos esta porción no tendríamos esperanzas, pero veamos que dice el versículo completo:
“ Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

Si nos quedamos mirando solo hacia el dolor o sufrimiento que vivimos, vamos a estar amargados, enojados, pero debemos volver nuestra mirada a Cristo y así encontraremos la manera correcta de reaccionar frente al sufrimiento.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”             Colosenses 3:1-2

Habiendo aprendido mejor la lección cuando llegó a mi vida otra vez la prueba, ahora frente a la discapacidad y el dolor pude enfrentarlo de la manera que Dios me había enseñado.

Cómo sometemos nuestro sufrimiento en la presencia de Dios:

– Recordando que Dios es misericordioso. “El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas”. Salmo 147.3

Nunca olvides cuánto te ama Dios, que él entiende tu situación y se compadece de ti.

– Buscando a Dios, clamando a él.  “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo” Salmo 55:22

Recuerda que podemos hablar con Dios con sinceridad, él nos conoce, y podemos clamar para que nos auxilie con la confianza que él responderá.

– Echando nuestra ansiedad sobre él. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Filipenses 4.6

– Confiando en que Dios tiene un plan. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” Ro. 8.28-29

– Enfocando la mente en Dios. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Filipenses 4:6–8

Descansando en él. “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.” Salmos 46:10

– Recordando que él es quien nos fortalece. “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”. Isaías 40:29. Filipenses 4:13

– Afirmándonos en la Palabra de Dios. “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra”. Salmo 119:28. Ver también Salmo 119:92

– Poniendo la mirada en lo eterno. “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. 2 Corintios 4:16–18

– Con gozo, “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!” Filipenses 4:4

Recuerda que el gozo es fruto del espíritu Santo y no depende de nuestras circunstancias. Cuando aprendemos a poner la  mirada en Dios, a confiar en él y decidimos depender de él, podemos ser capaces de tener gozo en medio de la prueba.

Ya terminando…

Sé que no es fácil tomar esta actitud, esperar en Dios, gozarnos en él, etc. Por eso si tú no eres quien está sufriendo, te pido que no juzgues a tu hermano si no toma esta actitud. Anímale y ora por él. Lean juntos estos versículos o escríbeselos en una nota.
Ahora, si estás pasando por la prueba, y eres un hijo de Dios. Déjame decirte que no es correcto el estar auto compadeciéndote, lamentándote, quejándote. Debes cambiar tu actitud. A través de este estudio has podido aprender cómo enfocarte en Dios. Ahora es tu decisión.

El saber estas verdades ha sido fundamental para mi vida y para enfrentar el dolor. Espero que también pueda ser de bendición para tu vida.

Recueda que hoy es un buen día para someter nuestras aflicciones en presencia de Dios.

Que el Señor te bendiga.
Si te ha gustado esta publicación no dejes de compartirla y si deseas puedes dejar un comentario. Gracias.

Hoy es un buen día para enfrentar el sufrimiento en presencia de Dios

Como ustedes sabrán Dios me ha permitido pasar por varios momentos de sufrimiento a lo largo de mi vida. He experimentado perdidas, separaciones de personas muy queridas, dolores físicos, decepciones, escaces en lo económico, etc. Al igual que muchas otras personas. Pero a lo largo de este recorrido Dios me ha enseñado algunas bases bíblicas fundamentales para resistir cuando el sufrimiento toca a mi puerta.

Y es de este tema que estaremos tratando en las siguientes publicaciones.

Hace unas semanas me tocó enseñar a las mujeres de mi iglesia, y Dios puso en mi corazón el poder compartir este estudio personal con ellas. Pero también con ustedes. Puesto que cada uno de nosotros, sin excepción, hemos experimentado algún tipo de sufrimiento. El cual puede ser físico, emocional o mental. Puede ser permanente o pasajero. Puede ser muy profundo o superficial. Pero sea cuál sea tu situación, todos debemos saber cuál es la manera correcta de enfrentarlo.

En primer lugar analicemos para qué Dios permite el sufrimiento en nuestra vida.

1. Para disciplinarnos, a causa de mi pecado contra Dios.
“Mientras no te confesé mi pecado, las fuerzas se me fueron acabando de tanto llorar. Me castigabas día y noche, y fui perdiendo fuerzas, como una flor que se marchita bajo el calor del sol.” Salmo 32:3-4

El pecado nos destruye, nos separa de Dios, nos corroe, nos enferma, nos aflige y nos lastima.

Pero Dios que nos ama nos enseña que debemos confesar a él nuestros pecados.
“Pero te confesé mi pecado, y no oculté mi maldad. Me decidí a reconocer que había sido rebelde contigo, y tú, mi Dios, me perdonaste.” Salmo 32:5

Recuerda que la confesión sincera es medicina para el alma abatida.

2. Para moldearnos a la imagen de Cristo

El sufrimiento:
– Nos quebranta para que nos acerquemos a Dios.

“Estuvo bien que me hicieras sufrir porque así entendí tus enseñanzas.” Salmo 119.71

También Job dice lo siguiente después de haber enfrentado la perdida de todos sus hijos, de perder todas sus posesiones, de padecer una enfermedad terrible y soportar a su esposa y amigos que lejos de ser de ayuda le causaban más pesar: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.” Job 42:5

El sufrimiento nos permite conocer a Dios más íntimamente.

– Nos permite madurar.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” Santiago 1:2-4

Somos perfeccionados por medio del sufrimiento.

– Nos humilla para que no seamos soberbios, sino dependientes de Dios.

Pablo escribe, “ Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne,… para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”

Este punto me fascina, Dios me ha enseñado tanto a depender de él en medio de mi dolor y discapacidad, que de ninguna otra forma podría haberlo aprendido. He podido observarme a mi misma y ver mi fragilidad, pero gloria a Dios porque él me fortalece.

– Para poner la mirada en lo eterno.

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8:18

Santiago 1.12 dice, “ Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”

No te ha pasado estar tan cómodo que olvidas pensar en lo maravilloso que será el cielo. Cuando atravesamos el valle de sombra de muerte en lo único que pensamos es en lo eterno…

“Debemos recordar que Dios no se goza en el sufrimiento, sino que lo permite para refinar nuestra fe, desarrollar el carácter de Cristo en nuestra vida, y para traer gloria así mismo.” June hunt

“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,”1 pedro 1.6-7

Sin dudas, cuando enfrentamos el sufrimiento de la manera que Dios tiene en mente podemos encontrar un sentido y una esperanza.

En las próximas semanas seguiremos desarrollando este tema. Te animo a que examines tu vida. Si te encuentras sufriendo espero que puedas ver los beneficios en medio del dolor. Si tú no estás pasando hoy por momentos difíciles, recuerda que Dios puede usarte para animar a otros con estas palabras o para prepararte para lo que vendrá.

Es mi deseo y oración que esta serie de estudios sobre el sufrimiento sea de ánimo y bendición para tu vida.

Recuerda que hoy es un buen día para enfrentar el sufrimiento en presencia de Dios.

Que el Señor te bendiga ricamente.

Si ha sido de bendición para tu vida te animo a compartir esta publicación y a dejar un comentario.

Hoy es un buen día para amar a nuestro prójimo en presencia de Dios

“ Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.” 1 Juan 4:12

Este versículo realmente me encanta, porque es muy claro.

La manera en que amemos a quienes tenemos a nuestro lado mostrará cuánto amamos realmente a Dios.

Su palabra nos enseña que debemos amar como Cristo nos amo, entregándolo todo. Estando dispuestos a cualquier sacrificio.

Realmente quiero ser clara y concisa en esta publicación. Por eso solo haré hincapié en dos puntos.

1. Es un mandamiento de Dios amar a nuestro prójimo.
“ Jesús le contestó: El primero y más importante de los mandamientos es el que dice así: “¡Escucha, pueblo de Israel! Nuestro único Dios es el Dios de Israel. Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales.” Y el segundo mandamiento en importancia es: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo.” Ningún otro mandamiento es más importante que estos dos.” Marcos 12:29-31
• “Si decimos que amamos a Dios, y al mismo tiempo nos odiamos unos a otros, somos unos mentirosos. Porque si no amamos al hermano, a quien podemos ver, mucho menos podemos amar a Dios, a quien no podemos ver.” 1 Juan 4:20

Si amas a Dios debes mostrar amor por las personas que Dios puso a tu lado.

Reconozco que hay veces que no es fácil amar a la persona que tenemos a nuestro lado. He escuchado a hijos hablando del daño que le hacen sus padres, a esposas contando cómo sufren a causa de sus esposos, trabajadores en manos de superiores opresivos. Pero debemos recordar que no debemos amar en nuestras fuerzas. Dios es el que produce ese amor en nuestro interior por medio del espíritu Santo que mora en el creyente. En nuestras fuerzas sería imposible. (Gálatas 5:22).
Pablo escribe lo siguiente en 2 Tesalonicenses 3:5:
“Deseamos que el Señor Jesús los ayude a amar a los demás, así como Dios ama a todos, y que les dé su fortaleza para resistir en medio del sufrimiento.”

Auqnue a veces nos encontremos con personas difíciles de amar debemos recordar que Dios es quien nos capacita para hacerlo. Y que es posible en dependencia de Dios.

(Si tienes dudas, te invito a leer la publicación pasada sobre “…perfeccionar el amor…” o escribirme para ayudarte con tus inquietudes.)

Dejando claro este primer punto, me gustaría pasar al siguiente.

2. Amor práctico.

Si tengo que ser sincera, debo decir que muchas veces como cristianos no sabemos cómo mostrar amor a aquellos que nos rodean. Especialmente a quienes están pasando por tiempos de sufrimiento.

– A veces parece que preferimos estar lejos para no molestar. Podemos decir, “yo apenas lo conozco, seguro fulanito que es más cercano lo ayudará”. Si quieres ser un seguidor de Cristo, muestra amor. Si ves una necesidad, súplela. No solo serás tendrás la oportunidad de ser de bendición a otro sino que tú también serás bendecido.

“ »Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros.» Ustedes deben amarse de la misma manera que yo los amo. Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores.” Juan 13:34-35

– Otras pensamos, qué le voy a decir si yo no viví tal situación. Esto ha pasado por mi cabeza en varias ocasiones, y claramente Dios me enseñó que él es quien desea obrar a través de mí. Y que el consuelo o ánimo no viene de mi experiencia o conocimiento. Sino de la Palabra de Dios. Si eres un hijo de Dios, él te puede usar para llevar sus palabras a otros.

“Si tu palabra no me hiciera tan feliz, ¡ya me hubiera muerto de tristeza! 93 Jamás me olvido de tu palabra, pues ella me da vida.” Salmo 119:92-93

– Tal vez, no queremos incomodar a otros. He escuchado a personas que me decían: “no te llame porque no quería despertarte”. Si ese es tu caso te animo a que llames. Si la persona enferma es como yo. Cuando duerme desconecta el teléfono. Si la llamas una vez y la encuentras dormida, pregunta a qué hora puedes volver a llamar. Busca la manera…

 

Ya terminando, quiero darte algunos ejemplos de amor práctico que impactaron mi vida y me demostraron el amor de Dios.

– Mi esposo. Es de esperarse que un esposo, siervo de Dios, muestre amor por su esposa cuando ella padece. Pero quiero decirte que esto no es fácil. Para mi esposo no lo fue. Yo sé que el sufría cuando veía mi dolor, que él cargaba con la presión del trabajo, la iglesia, nuestra hija, la casa, cuidarme, etc… Siempre trato de darme lo mejor, de animarme, de proveer todo lo que necesitaba; si estaba a su alcance darme el gusto. Algo muy simple fue que en mi peor momento, cuando no me levantaba de la cama para nada y el dolor era insoportable. Y realmente, no teníamos un peso. Recibiendo un dinero inesperado. Fue y me compró una cafetera para hacer cappuccino. “Para que, aunque no pudiera salir o hacer nada, al menos disfrutará de algo que me encanta. Un rico cappuccino.” Una acción que demostró amor.

– Mi mamá. Una madre haría cualquier cosa por sus hijos. Es capaz de dejarlo todo. Bueno, eso mismo hizo mi mamá. Cuando la llamamos contándole la situación, dejó todo en Argentina y vino por 6 meses a México. Aguantó hacerme las primeras terapias que eran una tortura. Pero ahí estaba ella. Haciendo lo que fuera necesario para que yo mejore aunque le desgarrara el corazón.

– La familia, mi papá apoyándonos como podía y estando al pendiente. Mis suegros, cuidando a niqui, ayudando en la casa, buscando medicinas, saliendo corriendo a la madrugada cuando me descompensaba… haciendo de todo. Los tíos de Luis, visitándome, trayendo los pasteles que me gustan, consintiéndome, etc…En medio del dolor podía ver el amor de Dios a través de estás personas.

– La iglesia. Puedo decirte que las hermanas de la Iglesia que pastoreaba Luis, Iglesia Misionera Filadelfia, desarmaron la casa donde vivía y la armaron en la nueva casa, al lado de mis suegros. Casi, casi, para saber dónde se encontraba el florero, tenía que llamarlas y preguntarles porque yo no moví un dedo. Otra hermana, se ofreció a cocinarnos todos los días. Mi marido feliz.

– Pero no solo los que estuvieron cerca, también los de lejos. La iglesia en Argentina, mandando cartas a través de mi mamá. Hermanos de todos lados, que me enviaban mensajes por Facebook, por mail, whatsapp, llamadas por teléfono, ofrendas, etc. No te puedo explicar la alegría que me daba recibir esos mensajes. Algunos que solo decían, oro por vos. Eran suficientes. Amor práctico.

 

Ya terminando, quisiera hablarte de una amiga muy querida, que está en Argentina. Hace un poco más de un año su papá sufrió un derrame cerebral. Sinceramente, yo la amo a ella y a su familia; y mi corazón estaba sumamente dolorido y angustiado, pensando en lo difícil que sería para ella, estar fuera de la sala de terapia intensiva, sabiendo cuán grave estaba su papá. Ore por ella y su familia, me mantuve en contacto para saber cómo evolucionaba su papá. Pero algo que me llenó de paz fue pensar en que mis amigas, son sus amigas. Yo hubiese querido estar a su lado toda la noche. No pude, estuve orando. Pero al día siguiente cuando llame, me dijeron que sus amigos habían pasado toda la noche sentados en el piso del hospital, a su lado, acompañándola.
Eso es mostrar el amor de Dios a nuestro prójimo.

Mi deseo y oración es que entiendas que puedes ser un instrumento en las manos de Dios para mostrar su amor. Mostrando amor, puedes ser de impacto a un mundo que se pierde. Puedes ser de ánimo a un hermano que sufre o tiene necesidad.
Solo debemos estar en sintonía con el corazón de Dios. Debemos decidir mirar a nuestro alrededor y dejar de mirarnos a nosotros mismos. Y tener un corazón sensible para que Dios te pueda usar.

Por último, este mandamiento de amar al prójimo, no está dirigido solo a los sanos y fuertes. Si estás sufriendo, enfermo, debilitado, mira a tu alrededor. Dios te puede usar para mostrar su amor a otro que está en la misma condición. O aún peor, sin conocer a Cristo. Puedes orar, puedes llamarlo, mandar un mensaje o un mail. No sé cómo, pero sé que Dios te puede usar. Solo debes estar dispuesto y dependiente de él.

Es mi deseo y oración que Dios haya hablado a tu corazón y puedas ser un ejemplo de amor a quienes te rodean.
Hoy es u buen día para amar al prójimo en presencia de Dios.
Que el Señor te bendiga ricamente.

Si quieres puedes dejarme un comentario a cerca de qué te pareció el tema de hoy. Te invito a visitar la página en Facebook, y si aún no lo has hecho, a suscribirte para recibir las nuevas publicaciones del blog.
Hasta pronto…

Hoy es un buen día para perfeccionar el amor en la presencia de Dios.

En primer lugar, quiero disculparme por no haber publicado cuando debía. A pesar que tenía el estudio preparado, debido a las vacaciones de semana santa, tuve a mi hija en casa, y realmente no tuve ni un momento como para poder sentarme a hacer los ajustes necesarios y publicar. Con mi pequeña en casa, disfrute el poder estar sana y compartir con ella cosas únicas, como jugar en la alberca, volar una cometa, salir solas de paseo… También necesitaba pasar un tiempo a solas con Dios, estando en íntima comunión con mi Padre Celesgial. Intenté compartir algunas publicaciones breves en la página de facebook. La cual encontrarás con mi nombre. Dios me dio la oportunidad de compartir unos estudios en el grupo de mujeres de mi iglesia (Calvary Chapel Mérida). Lo cual fue un enorme privilegio y una respuesta de oración…

Pero ahora ya volví a la normalidad… Aclarado esto, empecemos con el estudio.

Hoy es un buen día para perfeccionar el amor en la presencia de Dios porque, ya hemos visto cuánto nos ama Dios, hemos sido confrontados para responder al amor de Dios. Y ahora somos animados para ser perfeccionados en amor. Esto es a crecer y madurar en el amor de Dios.
La palabra clave de esta sección es perfeccionar. La cual lleva en sí la idea de madurez y plenitud. Un creyente no sólo tiene que crecer en gracia y conocimiento (2 Pedro 3:18), sino también en su amor para con el Padre. Esto lo hace en respuesta al amor del Padre para con él.

“En otras palabras, la vida cristiana tiene que ser una experiencia diaria de crecimiento en el amor de Dios. Involucra el hecho de que el creyente llega a conocer mucho más profundamente a su Padre celestial a medida que va creciendo en amor.” 

Somos perfeccionados en su amor:
• Guardando su palabra. Esto implica leerla, memorizarla, meditarla, tenerla presente en cada instante, y obedecerla.
“pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.” 1 Juan 2:5

• Amándonos unos a los otros. “ Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.” 1 Juan 4:12

• Teniendo confianza. Ya no acercándonos a Dios con miedo, sino con un temor reverente. Como lo ilustra el comentarista Warren Wiersbe, “Como un hijo que se acerca a su padre, a quien respeta. Y no como un prisionero que tiembla ante un juez.”

“En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo”. 1 Juan 4:17

• Echando fuera el temor. Debemos entender que si Dios nos amó, siendo pecadores e imperfectos cuánto más nos amará ahora que somos sus hijos. Cuando entendemos que Dios nos ama podemos confiar en sus promesas y aferrarnos a ellas para enfrentar cualquier situación del pasado, del presente y del fututo.
El comentarista Edward A. McDowell dice que el punto de vista de Juan en cuanto al amor y el temor está psicológicamente acertado. El temor paraliza y debilita las fuerzas humanas porque separa a los individuos, creando una atmósfera de sospecha y violencia; hasta causa enfermedades mentales. El amor promueve respeto y aceptación, ayudando a vivir pacíficamente. El amor madura a las personas mientras que el temor impide el crecimiento. El amor no ha sido perfeccionado hasta que no se haya echado fuera el temor.
Te sientes paralizado, débil, aislado; tal vez es tiempo que empieces a acercarte más a Dios y ser perfeccionado en su amor.

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. 1 Juan 4:18

Cuando guardamos la palabra de Dios, nuestro corazón es transformado y podemos amar como Dios ama. Entonces podemos mostrar amor a quienes nos rodean. Podemos estar confiados y echar fuera el temor, porque nos acercamos cada vez más a Dios. Por tanto, manifestaremos un amor maduro que proviene de una relación intima con Dios y del conocimiento de su palabra.

Hoy es un buen día para perfeccionar el amor en presencia de Dios, un privilegio y una responsabilidad de todo hijo de Dios.

Es mi deseo y oración que este estudio sea de bendición para tu vida y cada día puedas acercarte más a Dios a pesar de las circunstancias que estés atravesando, sabiendo que tenemos la promesa de Dios…

“ Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. 29 Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”
Romanos 8:28-29 (NVI)

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Que el Señor te bendiga ricamente

Hoy es un buen día para responder al amor de Dios en su presencia

“Él te ama más de lo que tú lo amas a él, y él te amó antes que tú lo amaras a él”.
Bernardo de Claraval

En la publicación pasada hable del amor de Dios hacia cada uno de nosotros. Y que por amor envió a su hijo a morir para que nosotros pudiésemos vivir (1 Juan 4:9). Al considerar su amor, somos atraídos por él, y queremos responder a ese amor.

Recuerdo que cuando Luis empezó a enamorarme, muy sutilmente comenzó a dedicarme más tiempo y atención, cada día me traía una nueva flor que arrancaba del jardín; se interesaba por mí, me escuchaba, me cuidaba, me animaba… y poco a poco fue llamando mi atención. Cuando él me declaró su amor, yo le correspondí. Empecé a confiar en él, a depender más de él, a consultarle sobre decisiones que debía tomar porque al compartir nuestro amor nos estábamos convirtiendo en una misma persona.

Dios mostró su amor de una manera clara y determinante. Él mismo afirma que su amor es eterno, no tiene principio ni fin.(“Con amor eterno te he amado… dice Jeremías 31:3). Y su amor es para cada ser humano que habita sobre la tierra (“Porque tanto amó Dios al mundo…” Juan 3:16).

Cuando entendemos que Dios nos ama, somos atraídos hacia él. Deseamos vivir ese amor a cada instante, y conocerle más. Y cuánto más conocemos a Dios, más somos influenciados por él, y mostramos el amor como él lo muestra.

Así como me enamoré de Luis cuando él demostró su amor, así Dios desea que nos enamoremos de él. Y desea que le conozcamos más, que le busquemos más, que elijamos pasar tiempo con él, quiere hablarnos a través de su palabra y desea escuchar lo que hay en nuestro corazón por medio de la oración.

El amor de Dios está disponible para nosotros pero es nuestra elección corresponder a su amor.

Pero es imposible amar a Dios si no le conocemos primero; porque Dios es amor (1 Juan 4:8); porque le amamos en repuesta de su amor (1 Juan 4:10); y porque el amor es fruto de su Santo Espíritu (“Mas el fruto del Espíritu es amor,… Gálatas 5:22).

Cuando respondemos al amor de Dios, este amor hacia él se hace evidente.

  • Cambia nuestro sentir. Ya no queremos vivir para nosotros mismos sino para Dios.
    “El amor de Cristo nos obliga, porque estamos convencidos de que uno murió por todos… para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado.” 2 Corintios 5:14-15
  • Cambia nuestro corazón. Ya no buscamos las cosas del mundo sino las cosas de Dios.
    “ No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida— proviene del Padre sino del mundo”. 1 Juan 2:14-15
  • Cambia nuestras prioridades. Cuando respondemos al amor de Dios, el se convierte en nuestra prioridad.
    “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.” Filipenses 4:7
  • Cambia nuestras actitudes. Podemos mostrar un amor práctico, hacia Dios y hacia quienes nos rodean.
    “Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce.” 1 Juan4:7

Cuando respondemos al amor de Dios, y depositamos en él nuestra confianza, podemos experimentar paz, alegría y esperanza, en medio de cualquier situación.
“Que Dios, quien nos da seguridad, los llene de alegría. Que les dé la paz que trae el confiar en él. Y que, por el poder del Espíritu Santo, los llene de esperanza.” Romanos 15:13

Recuerda que el que ama debe aprender a confiar. Porque si desconfiamos es porque creemos que quien nos ama, no nos ama lo suficiente. Y si depositamos nuestra confianza en hombres que son imperfectos y nos fallan, cuánto más en Dios, que no es hombre para fallarnos. Salmo 118:8


Te invito a tomar un tiempo y que pienses en el amor de Dios hacia tu vida. Y que evalúes si hoy estás respondiendo a su amor. Tal vez necesites hacerte las siguientes preguntas:
– ¿Tengo un sentir diferente al que tenía cuando no conocía a Dios?, ¿Confió plenamente en aquel que estuvo dispuesto a entregar a su propio hijo por mí o desconfió basado en mis circunstancias?
– ¿Ha cambiado mi corazón o sigo buscando las cosas que este mundo me ofrece? ¿Estoy buscando agradar a Dios o satisfacer mis propios deseos, siendo egoísta?
– ¿Han cambiado mis prioridades? ¿Qué es lo más importante en tu vida? Tal vez tu familia, el trabajo, tu cuerpo, tu ministerio…
– ¿Han cambiado mis actitudes? ¿Estoy respondiendo al amor de Dios, amando a Dios y a los demás antes que a mí mismo?

Hoy es un buen día para responder al amor de Dios en su presencia. La otra semana publicaré de qué manera podemos perfeccionar el amor en Dios en nosotros. No te lo pierdas…

Es mi deseo y oración que Dios este hablando a tu vida al igual que lo ha hecho en la mía al estar estudiando el tema del amor. Si ha sido de bendición no dejes de compartirlo con otros y te invito a dejar un comentario, para saber qué te están pareciendo estos estudios en serie.

Que el Señor te bendiga ricamente.